De la sonrisa matadora
Por: Jair Fernando
Silva
¿Alguna
vez te has preguntado por las consecuencias que te podría traer sonreír en la
calle? ¿Qué harías si un día caminas
distraído y al doblar en una esquina te encuentras de frente, casi llevándotela
por delante, a una niña como las que te gustan a ti? ¿Le sonríes y ya? ¿Además de sonreírle le
hablas? ¿Y que tal si después le invitas
algo...una cerveza por ejemplo? Suena bien ¿no? Prometedor.
¿Pero
qué tal si después de sonreírle la chica te detalla un par de segundos, y luego
de uno de los bolsillos traseros del jean saca una pata de cabra y te exige que
le entregues el celular recordándote lo imbécil que eres? ¿Corres? o ¿te meas en los pantalones?
Vaya
reflexión un poco dramática. He aprendido una de las normas claves de la supervivencia
citadina. Pero antes aclaro que lo de arriba no me ha sucedido a mí ni a
conocido alguno. Y espero que nunca me pase. Probablemente me mee y luego salga
corriendo, sin celular por supuesto.
Se
trata de lo peligroso de sonreír y andar con cara de buenon[*] Verán: Mi madre siempre me
insistía en que sonriera, en que dejara la cara seria y saludara, pues esa
era la debida manera de comportarse de un niño bien educado. Por supuesto, yo
le hacia caso después de ella “expresar”
su mejor argumento: un pellizco muy disimulado en mi brazo, uno de esos
que saben dar las madres. Contundente.
Creo
que después de tantos años ya la he perdonado. Pero hasta hace poco todavía
salía con cara de pastel a la calle y creía subnormales a los que caminaban con
cara de bacteriólogo.
Estando
en Bogotá le pregunté a un amigo por la
cara de estreñimiento de los rolos. Me ha respondido que era un mecanismo de
defensa, que en la calle se desconfía de todo el mundo y cualquiera es
potencial ladrón. Qué exagerado este man, Pensé. Y qué ciudad tan mamona.
Sin
embargo, ahora sé que tenía razón. El asunto es de cuidado. Una sonrisa es
potencialmente matadora y ojala fuera en términos de caerle a una chica. No. Es
potencialmente peligrosa para quien se atreve a darla. Lo he comprobado. En más
de una ocasión me fue conveniente poner cara de Terminator para pasar seguro. Caminamos en una jungla atravesada
por la ley del más fuerte. Ser afable es dar señal de debilidad, de inocencia, indefensión, de vulnerabilidad.
Así lo interpreta la mayoría de las personas, incluyendo a cuanto delincuente
hay. Piénselo, ¿se atrevería a robar usted a un tipo con cara de matón? Lo
dudo.
Además,
la dichosa norma tiene su variante. Jamás se les ocurra hacer un alto en plena
calle o parque para amacizar a su novia, novio, amante, tinieblo, qué se yo,
pues las parejitas son imanes para las ratas. Y debe causar bastante terror que
en el mejor momento de la calentura una garduña llegue a amenazar con romperlo
a uno.
Aunque
tomémoslo por el lado amable. Quizá yo sea un paranoico de aquí a Pekín y vea
peligros en todo lado. Es una
posibilidad. Tal vez un día tras una
sonrisa usted encuentre la pareja de sus sueños.

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